Cuidar, cuando la distancia es una caricia.

Durante estos meses, en lo largos y monótonos días del confinamientos, miles de vidas estuvieron a cargo del personal sanitario. Muchas personas nos dejaron vacío y dolor. Muchas otras, la certeza de que debíamos cuidarlas. No sólo a ellas, sino a los demás.

Ahora nos toca a nosotros cuidar. Cuidarnos a través de pequeños gestos de higiene y de prevención. Pareciendo un contrasentido, la distancia física se vuelve gesto de amor.

Cuidar los rostros de los que queremos.

Porque las relaciones necesitan tejerse cotidianamente. No sólo implica novedad en las plataformas de las redes sociales. Es adentrarnos en la vida de los que nos rodean, dejándonos que descubran la nuestra. Cuidar la frecuencia de las llamadas o mensajes, sí. Pero también profundizar en la calidez de la comunicación. Porque los demás son las raíces que nos permiten crecer.

Cuidar, incluso a los desconocidos.

Buscamos el bien común, ese amor político que nos hace interesarnos por los que comparten la situación humana. Por ello, la humanidad no puede dejar de verse como una gran familia. Cuidar nuestro entorno social es una forma de respeto, de hacernos responsables de la vida de los otros.

Cuidar el planeta.

Es la última esfera que merita nuestra atención. Porque estamos llamados a cuidar toda forma de vida. Y cuidándola, cuidarnos.