En esta semana de pascua, queremos compartir con vosotras cómo leer la resurrección de Jesús en este tiempo tan difícil que nos ha tocado vivir.

Lo primero, es que nos sintamos llamados a la paz.

La paz no es un estado de ánimo de tranquilidad y sosiego, y mucho menos un falso optimismo de que todo saldrá bien. Más bien, es la serena certeza de que, pase lo que pase, el Señor nos acompañará, asegurando que, en los momentos difíciles, Él nos dará la fortaleza y el ánimo para salir adelante; la generosidad para compartir con los que están en una situación más difícil que la nuestra y el sentido de que, en estos momentos, la clave para vivir es el amor.

La segunda invitación, es a reconocerlo como Aquél que ha vencido a la muerte.

Es decir al que nos llama a la esperanza de que hay un futuro. Esta esperanza no es un horizonte mágico de cuento de hadas, sino una esperanza que pide de cada uno de nosotros, una posición activa para la construcción del futuro que queremos.

La tercera invitación, es dar testimonio a los que no creen.

Dar testimonio es alentar a aquéllos que están en una situación de oscuridad y desconcierto, animar a los que viven en tristeza y soledad, consolar a los que viven el dolor y el duelo.

Terminamos con las palabras del Papa, cuando bendijo a la ciudad de Roma y al mundo entero – la bendición “urbi et orbe”-: la Resurrección de Cristo es “la victoria del amor sobre la raíz del mal, una victoria que no ‘pasa por encima’ del sufrimiento y la muerte, sino que los traspasa”.